sábado, enero 23

El velero Tin Tin navegando por el noroeste de Tailandia



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73.- NAVEGANDO POR LA COSTA NOROESTE DE TAILANDIA


Aprovechando que disponemos en este momento de buena señal de Internet, subimos este nuevo reportaje fotográfico al blog principal. Como ya sabéis estamos enviando crónicas, prácticamente a diario, al blog especial: LAS SIGLADURAS DEL VELERO TIN TIN en donde también están a vuestra disposición una serie de fotografías satélite sobre las que hemos trazado el rumbo de las travesías y los puntos de fondeo. En esta temporada decidimos volver a navegar por la parte NW de la costa Tailandesa llegando hasta las islas Surin que están muy próximas a la frontera marítima con Myamar (antigua Birmania) para después volver a Malasia, concretamente a Langkawi.


La elección de esta ruta la hemos hecho pensando en navegar por una de las partes de Tailandia menos explotada por el turismo, al menos por el momento. Una vez que se estableció el régimen de los monzones invernales (vientos de componente norte) zarpamos de la marina de Krabi con el objetivo de llegar a las islas Surin. En los primeros momentos del día, y antes de establecerse el régimen de brisas, la mar suele presentar un aspecto similar a la anterior fotografía, tranquila, amable, pero nada propicia para un velero que necesita viento para desplegar todo su potencial. Lo que son verdaderamente fantásticos, momentos muy bellos y bucólicos, son los ortos y los ocasos, espacios de tiempo en los cuales el cielo se tiñe de la más variada paleta de colores.


Por otro lado el paisaje ofrece también preciosas imágenes de islotes abruptos y en equilibrio, características éstas muy comunes por la costa tailandesa. Con una cámara en la mano, a veces es difícil saber para donde apuntar ya que se quiere encuadrar todo el espectáculo que se brinda ante nuestros ojos, pero no es posible obviamente, y por ello hay que elegir como diseccionar el paisaje con el fin que sea lo más representativo posible. Y a la hora de tener que escoger unas fotografías para mostrároslas, como en el caso que nos ocupa, también nos encontramos con otro problema ¿cuales serían las imágenes que os podrían dar una idea lo más fidedigna del paisaje que nos rodea? Esperamos haber acertado.


Al medio día, cuando los objetos casi no proyectan sombra como consecuencia de la baja latitud en la que estamos, la luz lo es todo. Un sol de justicia que suele elevar la temperatura diurna por encima de los 30º, inunda cada rincón y aparecen todos los detalles de la realidad. En algunos lugares el paisaje se combina con el paisanaje y nuestros objetivos no son ajenos a las posibilidades que se nos brinda de plasmar imágenes que mantengan el equilibrio entre lo que la naturaleza ofrece y el hombre genera ocupando el espacio. Varias embarcaciones de madera de construcción típica tailandesa, varadas por proa sobre la arena blanca, son un buen motivo para recordar ya que no desentonan con el paisaje y son para nosotros un merecido presente para aquellos hombres y mujeres que se ganan la vida humildemente con una pesca artesanal y sostenible.


A veces la naturaleza esculpe las rocas de forma caprichosa y en muchas de ellas reta de manera descarada la ley de la gravedad ¿qué fuerzas tectónicas y erosivas han podido crear esta escultura natural? Obviamente lo que vemos es bajo el prisma de la inmediatez de la fugaz vida del ser humano y tendemos a pensar que todo lleva así desde tiempos inmemorables esperando a que lo descubriésemos. Sin embargo, a pesar de eliminar parte del romanticismo que a veces nubla nuestra objetividad, nada es igual a como fue en un pasado no tan lejano y tampoco se parecerá en nada a como será en el futuro. La Tierra es un planeta vivo y en constante transformación, por ello cada imagen que retienen nuestras cámaras, retinas y mentes corresponde únicamente al momento en el que coincidimos con el evento.


Y si por la superficie del planeta la naturaleza va transformando lenta pero inexorablemente todo lo que nos rodea, en el interior de la mar ocurre lo mismo, quizás a un ritmo más acelerado ya que el medio es más denso y con mayor capacidad erosiva. A veces se encuentran coladas de antigua lava que esconden multitud de huecos, cuevas y grietas por las que pululan las más variadas especies de peces y crustáceos. En estos momentos esas oquedades ocupan nuestra atención buscando la proteína fresca más suculenta y de mayor calidad culinaria, pero hace nada, hace un tiempo exiguo geológicamente hablando, la piedra de ahora era una masa candente y viscosa regurgitada por volcanes que daban forma a la superficie de la tierra.



De esa transformación también se aprovecharon los seres marinos que precisaban de protección y resguardo. Tiempo después y tras muchas generaciones, el hombre es capaz de conquistar terrenos impensables si nos atenemos a las condiciones físicas y mentales con las que la evolución nos dotó. Una imaginación aguda (para lo bueno y para lo malo) es sin duda el principal motor que nos mueve para poder conseguir nuestros propósitos sin escatimar en instinto ni en esfuerzo. Aunque en realidad, sin la imaginación seríamos tan poca cosa que a buen seguro ya nos habíamos extinguido hace miles de años. Comentamos esto al observar como diversas aves marinas son capaces de caminar por la tierra, volar sin esfuerzo, zambullirse en el agua, bucear hasta veinte metros, capturar una pieza con el pico, retornar a la superficie y volver a volar... ¡sin duda el ser humano no es nada sin la imaginación!



Por el momento el mundo aún resiste, y si seleccionamos bien el momento y el destino, aún podemos ser espectadores de una naturaleza aparentemente inalterada. Sumergirse en apnea y quedarse quietos en el fondo durante unos breves minutos, posibilita, en la mayoría de las ocasiones, que los habitantes de la mar se relajen después de saciar su natural curiosidad y a continuación prosigan con su vida normal obviando al intruso que carezca de forma o aptitud agresiva. En la realidad, ese mundo fantástico y que tanto nos fascina, está siendo agredido de forma brutal y despiadado por nuestra propia especie ¡la más inteligente e imaginativa! a todas horas y en la inmensa mayoría de los mares de este planeta.



Un exceso de pesca sin miramientos en cuanto al tamaño de las distintas especies ni límite respecto a la cantidad o longitud de las “artes” de pesca, promueven la paulatina e inexorable desaparición de la fauna marina. Por eso los pescadores tradicionales, que antiguamente sólo necesitaban un par de horas para conseguir el sustento diario, pasan a nuestro lado una hora antes de amanecer y vuelven para sus aldeas a la caída del crepúsculo vespertino. No sólo se han visto obligados a extender más allá de lo razonable su jornada de pesca si no que cada vez calan más y más nasas y redes con el fin de que les vaya compensando el esfuerzo. Esta es una situación real, que estamos viviendo día a día y que ya hemos denunciado en más de una ocasión. A nuestro juicio no hay solución y las penurias y la hambruna llegará en breve a los sectores más humildes de la población. Por esta parte de Asía son muchos millones de personas los que subsisten a base de arroz y pescado.


Pudiera parecer que la irrupción del turismo hizo reconvertir a muchas embarcaciones de pesca en taxi-boats para atender la demanda de tantos millones de visitantes que soportan estos países a lo largo del año. Pero ello no hizo más que agravar el problema pues a los millones de bocas autóctonas se le sumó millones de bocas foráneas ansiosas por probar el pescado a las más variadas especialidades culinarias tailandesas. El potencial turístico es enorme y se está desarrollando sin ningún tipo de control invadiendo paulatinamente todos los rincones del país. Por otra parte las autoridades están lejos de regular lo irregulable e incontrolable y por supuesto brindan pleitesía a las grandes compañías que controlan el turismo de masas a nivel mundial y a las navieras de pesca asiáticas que esquilman los mares con técnicas masivas y muy sofisticadas.


Hay fotografías bucólicas y que nos pueden trasladar al pasado más cercano con un poco de imaginación. Son de los lugares más lejanos y apartados donde de momento se mantiene el mundo natural tal cual lleva desde hace siglos. La gente sonríe con facilidad, se traslada y pesca de forma tradicional, aún disponen de tiempo para vivir y jugar con sus hijos, viven de manera humilde y natural sin grandes necesidades e inmersos en un medio que se lo facilita todo con poco esfuerzo. Pero estos paraísos están desapareciendo a velocidad de vértigo, inundando sus playas y sus mentes de turistas con olor a bronceador y estridentes teléfonos móviles. 


En el mundo de hoy, cuando se tienen sólidos criterios globales, no se respira mucha esperanza para la supervivencia futura de la especie humana a pesar de los pensamientos optimistas de fantasiosos, ingenuos y fanáticos. Lejos de nuestra aparente realidad como seres humanos, habitantes circunstanciales de una mota de materia sólida azulada con aspecto de geoide en revolución y perdida en la inmensidad de una pequeña galaxia, está ese universo visible que nos rodea diariamente. Y desde el Tin Tin, acostumbrados a mirar y observar todo lo que nos rodea, no podíamos omitir echar un vistazo para el cielo en tan importante acontecimiento. Comprendemos que para la inmensa mayoría de nuestros congéneres, el hecho de que pase un cometa cerca de la Tierra, sea algo trivial y sin importancia. Comprendemos que nuestras ciudades están demasiado iluminadas por la noche como para que estos eventos puedan tener cierta transcendencia. Comprendemos que las necesidades de la vida diaria (y en muchos casos poder llegar al final de mes o poder pagar la factura del teléfono móvil) sea también un motivo por el que un cometa deje de ser importante en la existencia cosmopolita, urbanita, sociedad avanzada, mercados de oferta y demanda, inteligencias superiores... Pero nosotros no quisimos mantenernos al margen de uno de los acontecimientos cósmicos (constatables científicamente) más importantes del momento y exploramos la noche estrellada en busca del cometa Catalina. En la siguiente imagen se muestra una carta de las constelaciones implicadas marcando con línea amarilla el tránsito del Catalina según las fechas que se indican.


Nos servimos de unos simples prismáticos para localizar al cometa y poder apreciar el fenómeno. Observamos un punto luminoso con cierta difuminación apreciándose ligeramente la deformación que producen sus dos colas. En la fotografía que sigue, facilitada por cometografia.es, se puede observar el cometa con todo detalle ya que los científicos, aunque sean aficionados, disponen de instrumentos de alta prestación y exactitud. No se puede negar la belleza del Catalina, y aunque con los medios más simples pudimos constatar su existencia y apreciar con mucha menor calidad el fenómeno, no deja de ser un espectáculo grandioso. Sobre todo cuando se sabe que el Catalina ha llegado de fuera del sistema solar y su tránsito es tan extraordinario que se dirige de nuevo hacia los confines de la galaxia perdiéndose para siempre en la infinidad del cosmos. Y ello significa que ningún ser humano vio antes al Catalina ni jamás lo volverá a ver.


En el mundo acuático, y sobre todo en el que nos toca vivir a bordo del Tin Tin, entre travesía y travesía, cuando disfrutamos de apacibles fondeos, realizamos labores mucho más terrenales de mantenimiento como la que veis en la siguiente imagen. Isabel está descosiendo un dispositivo que facilita la aireación/ventilación del interior del barco y que llamamos “fantasma”. Después de muchos años de uso, el viejo “fantasma” ya estaba remendado por mil sitios y pedía a gritos su reemplazo. Hace un tiempo encontramos en la basura de una marina un trozo de tela de un asimétrico reventado y pensando que nos podía ser útil en un futuro, lo guardamos. Tras un trabajo delicado, ya que el “fantasma” que teníamos disponía de cuatro tomas de viento individuales con el fin de aprovechar la brisa con cualquier dirección, se consiguió desmontar el invento y utilizar las partes como plantilla. El resultado ha sido óptimo y de nuevo un precioso dispositivo de color rojo luce sobre la escotilla del camarote de proa.



En Tin Tin se muestra esplendoroso en cualquier lugar y circunstancia, pero si a ello le sumamos un espectacular paisaje entonces la imagen gana calidad y motivo. Un buen barco, fiable, robusto, cómodo, marinero, todo dispuesto para nuestra seguridad y confort. A bordo de él hemos navegado durante los últimos nueve años casi 40.000 millas, conociendo y reconociendo un mundo en plena y rápida transformación por los efectos que el ser humano está ocasionando en el ecosistema. Hemos vivido grandes momentos con enormes satisfacciones, también circunstancias duras con importantes decisiones, hemos conocido a muchas personas de toda condición, navegantes y habitantes de este mundo, hemos observado a nuestro alrededor, hemos sentido el pulso de un planeta de agua que agoniza y sobre lo cual a penas se está haciendo nada, ni a nivel personal ni a nivel gubernamental. El tema requiere de un radical cambio de concepto a nivel mundial respecto al consumo y la explotación de los recursos naturales, y ello no se esta dando en ningún caso, simplemente se intenta poner parches para acallar conciencias y revoluciones románticas.


En un principio parece que somos bastante hábiles para encontrar lugares donde experimentar la tranquilidad y el sosiego. Para ello hay que conformarse sólo con la majestuosidad que nos rodea y prescindir de las comodidades habituales desprendiéndose también de la inmediatez de las comunicaciones electrónicas. Un paseo por la playa es un placer que transciende el propio motivo romántico. A pesar de que nunca hemos visto pasear por el simple hecho de pasear a la gente local, seguimos ejercitándonos cada vez que tenemos la mínima oportunidad, quizás sea por aquello de que el local “vive” el lugar y los foráneos debemos siempre dejar huella. 


Pese a nuestro optimismo personal, fruto de una profunda reflexión y encuentro con nosotros mismos, no podemos ser optimistas respecto al futuro que aguarda a las futuras generaciones. Más bien creemos que quizás seamos de los últimos navegantes libre/pensadores que podemos disfrutar de los pequeños paraísos que aún quedan desperdigados por el mundo. Un cambio climático irreversible que empieza a condicionar de forma decisiva nuestra existencia, el agravamiento mundial de los conflictos armados que arrasan decenas de países, el aumento de la pobreza más absoluta en contraste con la riqueza del “primer” mundo que promueve actos de piratería o éxodos de pueblos y culturas enteras, la radicalización religiosa, una mar sembrada de plásticos y residuos radioactivos... son algunos de los importantes condicionantes que obstaculizarán de forma grave la libertad que hoy en día disfrutamos los transmundistas náuticos. Mientras tanto seguiremos viviendo esta aventura de vida. Aunque negros nubarrones amenacen el futuro nosotros seguiremos disfrutando conscientemente de la parcela de libertad que nos hemos ganado a pulso.


Una vida, donde el sustento diario está asegurado, donde haya un nivel aceptable de cultura y una digna cobertura sanitaria, debería tener entre sus prioridades el disfrute de las pequeñas cosas. Las experiencias más simples que van quedando en el olvido colectivo sin consideración social ni diplomas de pos-grado, son a veces las más enriquecedoras. Y a modo de ejemplo tropical ¿cuanto tiempo hace que un chubasco te fue mojando poco a poco y de manera voluntaria? Sentir los pequeños impactos de las gotas y como éstas empiezan a recorrer el cuerpo por numerosos cauces que brindan frescor a una piel recalentada por el sol. Dejarse acariciar por el agua que llega de las alturas frías y tumultuosas mientras que la mente se relaja y se concentra sólo en el momento. Y es que son tan pocas las ocasiones que disfrutamos de la naturaleza sin alterarla que hemos olvidado o desconocemos el valor de los grandes placeres.


La luz de cada día se extingue por el oeste y el mundo parece recobrar la calma y el sosiego al disminuir el horizonte visible limitando la vista y la conciencia. Y entonces poco a poco, van sorprendiéndonos las estrellas y los planetas, que siempre están ahí pero que la luz y el azul de la atmósfera nos impiden observarlos por el día. Y cuando piensas en lo que te rodea suspendido sobre un mundo de agua, te das cuenta que la vida sin estrellas, sin gotas salpicándote la piel, sin respirar profunda y pausadamente, sin dejar las huellas menos profundas en la arena, no son nada más que necesidades banales que simplemente se pueden pagar con dinero. Mientras que se pueda, mientras que el mundo aguante ¡hazte a la mar y deja libres tus sueños!


Por el momento seguiremos navegando por aguas tailandesas y de todo ello iremos reportando a base de crónicas escritas en el blog especial LAS SIGLADURAS DEL VELERO TIN TIN Para finales del mes de enero daremos la salida oficial de Tailandia en Phuket y navegaremos hacia Langkawi (Malasia) ya que el barco tiene un permiso de un año y para poder renovarlo es necesario salir del país y volver a entrar. Así que desde principios del mes de febrero hasta mayo navegaremos de nuevo por aguas malayas. Cuando volvamos a tener la oportunidad de contar con una buena señal de Internet, subiremos a este blog un nuevo reportaje. Por el momento sólo nos queda enviaros un fuerte abrazo sumergidos en las aguas cálidas de estos mares cuya transparencia se mantiene a duras pena. Estamos felices pero muy conscientes de lo que nos rodea. Esperamos vuestros comentarios. Isabel&Guillermo


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